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Archivo para la Categoría "Liga BBVA"

Ché, ¡cómo aprendimos aquella vez!

Todo se presenta en colores rojo y blanco. Digno de una película de Frank Miller, lo de esta noche solamente puede tener visos de algo muy especial. Resulta ser fútbol, con protagonistas españoles, tal y como era de esperar. Mientras la Champions League nos privó de una celebridad así, Bucarest ya no envidia a Münich, y lo de hoy tiende al recuerdo; no sólo entre rojiblancos, sino para dos “boludos”. Marcelo Bielsa o “el” Diego Simeone, partícipes de esta final y viejos compañeros de viaje. Ya graduados en 2002: << Ché, ¡cómo aprendimos aquella vez! >> bien podría ser el inicio de noventa minutos sobre el verde.

El discurso más mediático parece estar de lado del Athletic, del ¡Newell’s carajo! y de la locura que nos ha hecho partícipe Bielsa. Desde el más fiel hasta el más ateo, todos, en algún momento, fuimos absorbidos por la estética de un trabajo proyectado en grandes salas como Old Trafford o el propio San Mames. Una fe que supera a la razón en demasiadas ocasiones.

“Vamos a intentar jugar desinhibidos, naturalmente, como lo haríamos en cualquier otra ocasión porque eso nos acerca a la victoria.”

Marcelo Bielsa

Registrada por  Federico Lareo 

El espectador espera ese tono “informal”. “Esa ilusión por recuperar la pelota para volver a atacar, mientras acompañe la suerte”. Así definía el fútbol un “loco”. Y aunque me resulta extraño evadirme de la dependencia de un conjunto a las interpretaciones de un rival; todas las bonitas historias –y ésta comenzaba con el bombo que les llevaba a Manchester-, necesitan de un epílogo. Su argumento es creer, empezando por los propios jugadores. Y con un aire algo más romántico, ya en una pequeña proporción, esta Europa League les pertenece. Salvo que Adrian exija su guión.

“Era mejor ganar a falta de un suspiro. Kun corrió, tanto que parecía que se iba a caer por inercia. Llegó, regateó y la metió… (…)”  El relato cumbre de hace dos temporadas. Esa obra que podría estar en pies de un chico asturiano, moldeado en tierras gallegas y capaz de ser definido como cualquier otro ‘canchero’. Las eliminatorias de este torneo llevaron su firma mientras convive con un amigo del gol, el mismo de hace un año.

Es el Atlético de Diego Pablo, el que se ha caracterizado por el umbral de su defensa, y no sólo desde atrás. En la lectura de esta final se coincide en una mayor versatilidad procedente de Madrid respecto al rival. Incluso el propio Simeone lo explicaba en una frase llena de sentido: “Nuestro juego es más equilibrado que el del Athletic”. Diego y sobre todo Arda, pueden hacer de la movilidad un polvorín con sabor a éxito. Seguro que desde el Calderón se ha cruzado algún vídeo con origen en Valencia, conjunto que mejor le ha jugado al Athletic de Bielsa esta temporada. Y aunque Simeone pudiera hacer suyo el discurso “debéis meter la pierna más que el contrario”; el argumento de todo lo proyectado, en poco más de cuatro meses, suena igual de convincente o mejor. Parten desde una teórica inferioridad mediática, y no real.

“Llegar a dos finales es siempre valioso, ganarlas es mucho más valioso y perderlas es muy triste. Estoy satisfecho por haber llegado, ilusionado con ganarlas y Dios nos proteja de perderlas. Así sería el orden.”

Marcelo Bielsa

Registrada por  Federico Lareo 

El clásico apunte

Trabajo a dúo con Marc Roca y su espacio personal (el blog de Some).

El clásico apunte: Fábio Coentrao.

Por Gonzalo Chaves.

La semana del Real Madrid transcurre en ese área donde la raíz competitiva, lo es todo. Dos eventos de carácter mayúsculo: El martes en Münich y el próximo sábado hacia Barcelona. Ambos contextos complejos e incluso entendidos desde la supuesta inferioridad; figurada como más relevante si el conjunto ‘blanco’ nos acostumbra a la manifestación de una red de fútbol que va tejiendo en el control sobre una pelota de cuero. Malinterpretar ese entorno puede producir el error, el error en la opinión. El daño sobre la “grandeza”. Acertar es asumir como “derrota normal” (Mourinho) lo ocurrido en Alemania hace unos días.

En esa búsqueda del ‘jugar’ para competir, exige encontrar recursos para mantener “móvil” lo estático de sobrevivir al “sin balón” Es ahí donde Mourinho erige a Fábio Coentrao como especialista: una clase de jugador capaz de definirlo como global, con virtudes tangibles, y también otras lecturas que difícilmente son palpables. Una serie de ventajas que permiten visualizar al jugador como volante, interior, mediocentro o lateral. Una última etiqueta, la cuál le permite exhibir condiciones al corte desde su posicionamiento, hasta poder utilizar la hipérbole <<de ser un privilegiado>>. Su propia interacción con esta parte del fútbol, llevó a Mourinho a apostar por el “uno contra uno” frente Alexis Sánchez –protagonista de mucho-; quién hizo sufrir al poderío de los zagueros en toda una Ida de Copa del Rey en Madrid, ni más ni menos. Una medida imprevista, donde ya vistas sus últimas críticas, Fábio debe comenzar a sonreír en la soledad.

Su dosis de individualismo en el Camp Nou, la visita al Calderón para dar profundidad desde el movimiento, y ahora, de nuevo, Barcelona en el marco de la máxima exigencia; previo paso de haber conocido su partido en Münich, de todo menos malo. Un activo más, que a Mourinho le permite acercarse a la propia competición, sin equívocos. No están permitidos a estas alturas del cuento.

El clásico apunte: Alexis Sánchez.

Por Marc Roca.

Dijo Guardiola que en el Barça Alexis nunca jugaría por dentro, que llegaría al centro pero que lo haría desde el exterior. El entrenador buscaba en el chileno a un muñeco capaz de fijar y desbordar por fuera con solvencia y de momento parece no haberlo encontrado. Alexis se siente enjaulado cuando recibe cerca de la cal, en estático y con pocos metros para profundizar. Ansía tanto liberarse de este contexto incómodo que huye de ahí lo antes posible en perjuicio de su desempeño técnico y del sentido táctico de su posición. Fija poco, desborda poco, produce poco.

Alexis quiere espacio para correr y este no es un requisito menor en un equipo acostumbrado a arrinconar a sus rivales contra su propia portería. Entrenador astuto en la generción de contextos favorables para sus hombres, Guardiola le entregó ese espacio en forma de tres carriles para administrar como nueve en solitario y así dio pie al mejor rendimiento del niño maravilla en el Barça. En punta Alexis fija, empuja y reta en ruptura a la defensa rival garantizando al mediocampo azulgrana un espacio precioso a través de una lectura y un empeño encomiables. Incluso destaca en el juego de espaldas.

Guardiola es reticente a emplear este mecanismo en un día a día en el que la amplitud es prioritaria pero tras la esquina asoma el rival que le descubrió como nueve, el equipo contra el que tiene más sentido mandar al chileno a la primera línea de batalla.

Génesis de unas semanas de locos

No es práctica habitual publicar crónicas del Real Madrid realizadas para Masliga en el blog, pero creo que vale la pena hacer una excepción.

Dar pie a una crónica con una referencia que parece bíblica o al menos, conceptualmente, parte de la misma; y en la que desconozco si la fe de Mourinho durante algún momento decayó viéndose a cuatro puntos de un rival que no te sopla de la nuca, te abanica. Hablamos de la razón más fuerte para querer emerger con categoría, la de quién conoce ese contexto del límite y acerca a los suyos al mismo: un delgado trazo que ya le fue positivo en pasadas temporadas. Sin ir más lejos hace un año con el serial de encuentros en tono de clásicos, solo que esta vez tocar oro en una única ocasión no parece suficiente. A eso juega y a eso le gusta jugar, en el juego que ya conoce y que se sabe uno de los mejores. Siempre reconociendo que lo hace desde la fórmula del fútbol… y si algo falla: Cristiano Ronaldo.

…y si algo falla: Cristiano Ronaldo.

Ninguna palabra sobra pero no nos podemos evadir del término presión. Una definición básica pero sencilla, tópica a la vez que recurrente, y siempre sin mirar a la dirección de lo que se va a exponer sobre el verde, lo verdaderamente importante. Ahí las apuestas en la previa siempre eran arriesgadas: los “sistemas”, su adecuación y el peso del cansancio mental. Sin Lass, Altintop, Sahin o Marcelo, la razón sí que se impuso al debate donde la continuidad del “doble pivote” era un hecho. Los nombres vendrían con la novedad de Coentrao, Kaka’ o Di María; individualidades para unas condiciones específicas del encuentro y el rival desde un punto de partida:

-          La amenaza para el Atlético de Madrid poder llegar a línea de fondo: Coartar la salida de los laterales rojiblancos y exprimir a los teóricos “volantes”, vitales en el repliegue de Simeone si éste ocurre.

-          El hecho de concebir un partido donde tu segunda jugada no domine: la pérdida es de un volumen mayor en cantidad y calidad para el rival. Ahí individualmente Di María o Coentrao por condiciones innatas pueden salir reforzados ante un contexto “pobre”.

Dos razones para la previa aunque en el fútbol nunca puedes saber, sólo analizar un azar. El imposible. Pero de su fragancia se embriagaron para llenar el Calderón acólitos de Simeone, creyentes de que sufrir es el infinitivo impuesto y que ahora corre viento favorable, con relaciones sobre el campo renovadas y bien construidas. De no ser así, Mourinho no hubiera puesto al dueto Di María-Kaka’ a una altura tan cercana de Xabi Alonso para dar origen a la jugada, la misma que no se mantenía y sobrevivía del slalom de Cristiano Ronaldo. Una primera parte que cronológicamente contiene protagonistas en rojo y blanco. Ninguna casualidad. Todo parte del giro de Diego a espaldas de Khedira, el desmarque de Adrián para dar tiempo y por supuesto, vivir del espacio obtenido en la recepción de Falcao entre centrales; quienes son capaces de erigirse como la mejor dupla europea –así lo creo- y no poder contener a uno de los goleadores por excelencia del continente, de esos elegidos para gritar el gol. Si la ventaja al descanso no es de Simeone, es debido a que entre “el lío” emerge alguien sublime en la mejor liga para dejar en la red de Courtois un balón parado que anteriormente se le resistía. Benzema tuvo su oportunidad con la cabeza y falló. El portugués, no.

Explicaciones varias sobre 45 minutos de juego donde pelota y conjunto ‘blanco’ no iban de la mano. Simplemente una ligera impresión de calidad con esférico permitía a Xabi Alonso llegar a campo contrario y robar (3 balones – minuto 20), en un ejemplo más. Misma raíz para comprender lo desquiciado del cuadro de salida del Atlético de Madrid entre centrales y los dos mediocentros; desde Perea hasta Tiago. Simeone no quería el cuero cerca de su portero y todo se debía a una razón de peso.

Si una mitad le fue infiel al Atlético de Madrid, tras el descanso se debía partir desde la base de olvidar esa “asta futbolística” aunque el Real Madrid, con Özil y no Kaka’, consiguiese variar las dinámicas a un dominio con balón más positivo. Xabi Alonso cogió el oxígeno de los metros: tanto para permanecer en campo del rival como ser un apoyo vital para Khedira en la red sobre Falcao y el movimiento a su espalda de Diego, efecto que obligó a Mourinho al cambio mentado en este período retocando la mediapunta. Un foco sobre el esférico que contenía precedentes para que se diese: Coentrao comenzó a ganar línea de fondo y Cristiano Ronaldo continuaría con el prolijo slalom. La parroquia rojiblanca sobrevivía con determinación en un período que parecía gravar en las conciencias que recordaban un pasado con menor identidad por estadística; para ello encontraría en transición a Adrián entre líneas. El excelente jugador con denominación de diferente en la plantilla, activaría las jugadas desde un ‘tempo’ muy particular que permitiese acceder al lateral, tan importante en este Atlético, como vital para que Falcao alcanzase la cima de la efectividad en el simple remate. Su cuenta: un gol. Su factoría de potenciales goles: infinita, en la noche de ayer.

Falcao es de ese tipo de jugadores nacidos para gritar gol.

El viaje del Real Madrid tenía visos de ser de ‘business’ hasta aquel remate de cabeza de Radamel Falcao. Tocaba volar en clase turista pero con un pasajero muy especial, ése capaz de elegir la noche del 11 de Abril como una firma más en su historia con una pluma muy similar, incluso en mes, a un zarpazo desde Oporto que metía al Manchester United en unas Semifinales de Champions League, en otro contexto complicado por la propia competición. Hay cosas que los grandes jugadores no olvidan y es que son ellos quienes pueden elegir la suerte. Una suerte con forma de ventaja en el marcador que hiciera moverse a Mourinho para dar salida a Higuaín, aprovechar su vertical e intentar cerrar el encuentro como así hizo. Ese movimiento recto, ése que desfigura al central por su amenaza ante el gol y capaz de forzar el error de un Godín espléndido en la anticipación durante todo el partido. Penalty y gol. Consecuencias de un resultado abultado donde ya el doble pivote de Simeone naufragaba demasiado atrás desde hacía minutos. Callejón rubricaba el fiasco: mental primero, y luego futbolístico.

La élite no escapa de detalles que rellenan esa denominación tan espléndida. Ser TOP como diría Mourinho; capaz de mostrarse impasible ante cada uno de los goles de su equipo en un entorno que por la previa parecía más inaccesible que hace una semana. Mensajes puntuales que te preparan para la competición en lo definido como <<la génesis de unas semanas de locos>> donde toca erigirse para alcanzar el oro con el fútbol ya aprendido.

Verdú y la posesión

Artículo creado para Masliga en su ‘Cultura fútbol – Analistas’

Pochettino y su Espanyol van más allá de ser sensaciones futbolísticas en una liga rebosante de términos semejantes. Es la entropía de un proyecto que no languidece en sus dos temporadas de vida, sino que se refuerza a base de inteligencia técnica para construir jugadores que llenan de competición Cornellà, entorno ya positivo de cara a buscar una plaza europea. Un reto nada desdeñable.

El argentino emerge con ‘los periquitos’ en lo que parece más básico: el juego. Sin entrar en el campo de la discusión sobre estilos más sus modelos, sí merece introducirnos en el césped y disfrutar de blanquiazules haciéndose valer a través de la posesión, dar protagonismo al interior y proyectar talento, no sólo el individual. Experiencias posicionales, verticales u horizontales, centrales que juntan rivales con balón o delanteros que no parecen tales; sin duda la ecuación del Espanyol se vende fácil en nuestro país, aquél que por fin alcanzó una identidad y hoy la pasea.

El proyecto sobre el campo se centra, si nos vamos a los números, en un “4-2-3-1” aunque los jugadores son indescifrables, al igual que sus conductas. Desde la teórica salida de tres con Javi Márquez o el nuevo Cristian Gómez, más la compañía en virtudes técnicas con balón de Raúl Rodríguez (revelador) y Hector Moreno; hasta ser sabedores que todo se relaciona a través de su poseedor más importante quién da nombre y apellidos a esta temporada: Joan Verdú. Ser protagonista de unas pocas letras solo podía ser justo.

Un jugador crecido en ‘La Masía’ es suficiente sello para no acabar en la retórica; se vende por sí mismo si su carrera le acompaña. Virtudes bajo un dorsal, el “10”, y que actúa haciendo honor a la figura de ese número y quién lo ha portado… no existe ningún cualquiera. Joan llegó a sentar a otro valedor del lugar, Valerón, hasta que viajó al Espanyol para hacerse con la manija de un proyecto que he denominado incluso como <<su posesión>>. Si anteriormente hablaba de cifras para fijar un esquema tipo del conjunto de Pochettino, con Verdú, eso no es válido: detrás/delante del balón, la razón de ser es el esférico y todo lo que va a rodear a través de su relación con el compañero, llámese Coutinho, Sergio García o la espalda de Uche como referencia. En un deporte que no debe ser olvidado como lo que es, un juego, además de complejo, son muchas las ocasiones donde podemos distinguir la fracción de un encuentro en ‘mapas de color’. En el caso de nuestro protagonista sería un fondo rojo, el de su participación sobre la totalidad del verde. Da igual el ancho o la profundidad, todo sea por un mismo destino: encontrar la relación.

Pero sólo leer de Joan Verdú puede llegar a ser como aquella obra inacabada la cuál no cierra correctamente un paladar fino. Síntoma éste que nos lleva a intentar observar “un algo” de lo mucho que puede abarcar el “10” del Espanyol. Un “mucho” tan poco definido como que se queda corto ante la imagen del pase, de su salida, de una conducción o de una simple continuación al primer toque. La muestra es frente al Atlético de Madrid donde metió dos goles, pero mostrarlos sería quedarnos con la esencia “equivocada”. ¿Alguien sería capaz de definir una posición? El futbolista.

Verdú vs Atlético de Madrid (La posesión Verdú) por elfutboldegons

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