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¿Cómo llegas Real Madrid?
Publicado en MASLIGA.
Esta aventura propia de la historia más actual del Real Madrid, la ligada a la Champions League, trae consigo titulares como el de este artículo. La desvencijada temporada entre el torneo regular y Europa presupone el fantasma de la predicción, y un estado actual de fruncimiento del deseo; no sabemos qué deparará la noche, ni la eliminatoria. Qué Real Madrid encontrarnos. Tornó en demasía de lo expuesto en la temporada precedente, incluido el gran rival; deformando la regularidad, y muy a su pesar, el juego. No sabemos si su apuesta inicial fue descreer en el balón, aun teniéndolo, hasta alcanzar la contra. Pero la base parece ésa.
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Tenerla, sí. Pero cómo.
<< No es el cuánto sino el cómo >> No sé quién pronunciaría tal, el diagnóstico definitivo del fútbol, acostumbrados a cuantificar el arte del pase. Convirtiéndolo en todo menos arte. Y Mourinho debe responder a la duda con suficiente sutileza. Conoce que su equipo la va a tener en el 99% de los partidos de la temporada, y cerrado el repliegue con el dato de sólo tres goles recibidos en 2013, llega Europa sin saber el peinado para tu cita.
El contraataque, como se dijo, es el mejor ‘look’ de un equipo que parece desquitarse a base de zancadas largas. Díganselo a Cristiano Ronaldo; y luego a Benzema, Özil o Khedira. Mechas de tu mejor fútbol. Aunque para llegar hasta ahí debe haber ocurrido algo antes, en espera de la sinergia te lleve hasta donde quieres. Precisar el momento, clave para cualquier dominador de un partido.
Ya no hay restos de escalonamientos tan claros como los de la temporada pasada, cuyo dominio del que hablamos se basaba en una salida de balón más concienciada. Ahora no existe el miedo al balón largo hacia la recepción de Cristiano Ronaldo, un bien no tan explotado entre los que nos gusta esto de narrar u escribir. Tampoco prescinde de buscar la superioridad numérica (busquen el rotulador para subrayar el término) en zona de medios. Con Modric (a falta de Di María) y Özil, por dentro. Con Khedira en el vértice hasta la profundidad del rival y el área.
Son los mismos alemanes que aparecen tanto con balón, como sin él, y realizar la transición hacia el ataque. Sami Khedira o Di María hacia el exterior de Özil, y de ahí a Benzema o Cristiano Ronaldo. Fácil de contar y tan complejo de realizar, que lo convierten en el mejor en ello. Y ahí recae su peligro real.
Peligro real, no escalera real. Ay.
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Xabi Alonso en vinilo.
La genealogía del ‘5’ puro en el fútbol parece haber dejado de tener ascendencia en nuestro ahora. Por eso, y algún aspecto más, Xabi Alonso debe alcanzar el trato de un vinilo. De ser mirado como las yemas de dedo pudorosas que rozan el elemento, preciado, antes de ser reproducido en pletina. No quedan tantos, y si los hay, no tan refinados. La temporada pasada parte de la música de ese vestuario pertenecía a Xabi. Y Xabi no acallaba entre Pepe y Sergio Ramos; hasta una crisis, más relacionada con el físico y el plus futbolístico, acabó por apagar su figura en el peor momento. A tenor de la semifinal frente al Bayern.
La medida del tempo tan particular en el fútbol, ya no puede esperar a su total rendimiento, y el Real Madrid simplificó funciones. Muy relacionado con el primer punto de este artículo. De ahí que el juego ya no esté tan pendiente de Xabi. Pacto con lo primordial primero, para luego ir acaeciendo hasta ser, seguro, casi secundario junto a Busquets en su paso con la selección. Por citar una referencia directa. Ahora le queda el mismo tiempo en su desplazamiento con balón; y sin él, seguir estando arriba. Incluso optando.
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Özil, Khedira… y Cristiano Ronaldo.
El pretexto es magnificar a estos tres.
Un Bernabeu ya rendido al último, en todo, porque la jugada va a terminar en él, en su mejor estado futbolístico desde que es fútbol… perdón, jugador. No precisa de ocupar un solo carril, y le preceden varios clásicos. Por qué no una eliminatoria de suma importancia. Se da por hecho. Y se mueve bien en términos de Leviatán de nuestro fútbol, a la sombra de Messi. Así que llegará para intentar ser trascendente en una tercera Champions League a nivel personal; porque se cruza ante él una oportunidad para reivindicarse una vez más si es que lo necesita.
Hablo desde un punto de vista puramente individual y eficaz, porque su fútbol no precisa de repetir la loa. Ya está dentro de la historia.
En el caso de Özil y Khedira, sorprenden por su forma de dar la vuelta al aspecto mediático. Sami porque así se es justo con su figura, atrapada en el submundo de los no técnicos, hasta que sus virtudes vieron luz. Ya no era tanta su torpeza sino que el primer pase y la velocidad asociada a la reacción se convirtieron en claves. Sea en transición, o receptor en el antepenúltimo pase. El alemán lleva contenida la “valentía” de ocupar el área, y sin comillas, abrirse como destino en un lado. Su rango de juego ha crecido. No en aptitudes, sobre todo tácticas, su valedor. Sino en la actitud del aficionado. Aunque parezca extraño.
Mesut Özil se ha definido en Madrid de una forma muy diferente. Sus condiciones nunca se pusieron en duda. Sí si su rendimiento estaba anquilosado. Una temporada de definición de nuevo del juego hacia mayoritariamente transiciones de más metros, han puesto en relevancia su figura, parecida perdida allende del Camp Nou. La espalda del mediocentro rival será su núcleo de acción, dentro de la diagonal que acomete con precisión quirúrgica sobre la transición, o mejor dicho la jugada. Y por fin llegó su gran partido de Champions League. Donde se pule el mejor. Y entre los más válidos está. De él va a depender muchas de las opciones que podamos otorgar a este Real Madrid.
4. Bonus track: y tres breves.
- Benzema o Higuaín. La impaciencia sobre el que puede dar más y debe; o la vertical.
- La defensa sobre la diagonal de Arbeloa; la técnica exterior de Coentrao; y el plus competitivo Pepe más Sergio Ramos.
- Di María. Qué te quieren. Qué te quieres.
Benzema, manifiéstate
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Cuando el fútbol ve llegar las eliminatorias, las de verdad, es momento de hacer balance. Es un signo humano más de no querer dejar nada a la aleatoriedad, a tener todo medido por números; subyugados por clasificaciones y cifras que hacen obtener conclusiones, en muchas ocasiones precipitadas. De ahí el poco valor dado a un balance si no llega detrás con alguna reflexión por corta que sea; aunque es demasiado pedir al tiempo. El “juntaletras” al menos de eso sí posee, e intentaremos que así quede reflejado aprovechando el ecuador de la temporada, y argumentar un pensamiento que me lleva flotando un tiempo, alcanzando su cénit ahora. Oportunista como pocos.
El Real Madrid de esta temporada se parece poco o nada al anterior binomio de Mourinho, lleno de mayores matices entonces, vacío ahora. El portugués debe mirarse al espejo cada día y ver reflejado el paisaje bucólico de Mestalla en final de Copa; Barcelona con la Liga en juego; e incluso el propio Santiago Bernabeu en semifinales ante el Bayern. Un objetivo para ser sinceros lejano. David Gistau hablaba el domingo de desazón; y me temo que no es sólo del aficionado, también de cuerpo técnico y plantilla salvo honrosas excepciones. Y a la espera de expectativas. Encuadradas éstas en los balances con que empezamos a escribir el texto.
Puede resultar de comedia costumbrista pero es momento de hablar sobre la expectación puesta, en no pocas ocasiones ya, en la figura de Karim Benzema. Esta temporada por lesión de Higuaín no parece repetirse la situación; tras el hartazgo de minutos jugados del francés. Tampoco es cuestión de reprender la falta de goles, de ahí que dejemos la estadística a un lado. El lionés peca de algo más que remate. Un jugador al que muchas veces he denominado <<mediocentro del área>>, expresión robada al entrenador Raúl Caneda, y que a día de hoy le posee la ausencia crítica. Y no la que se hace uno mismo, sino distintos frentes que puedan hacerle ver el jugador que posee. Mourinho consiguió encenderlo para la segunda mitad de la pasada temporada, pero, ¿siempre va a necesitar ese empujón a medias?
Las temporadas de Benzema en Madrid son como el afecto entre dos amigos, hombre y mujer, y no cualquier afección; donde nada acaba en una relación seria. El ‘todo’ para él o ella se queda en la nada. Cuna de la desesperación. Así veo la figura del francés que se repite por años sin dar el paso necesario en su fútbol, y en la trascendencia del mismo. Apatía es un tópico útil. Ni el propio Mourinho ni Pellegrini han sido capaces de encauzar esas posibilidades, y eso que el jugador se aproximó la pasada temporada a nueve de tendencia tras Falcao. Ahora parece una quimera.
Ya desde sus primeros amagos con lo mediático parecía un fútbol frío. Con detalles, sí, pero sin ver mecha en sus ojos. Tanto es así que pareció no preocuparle ir a un Mundial con su selección, dando por hecho que la carrera de un futbolista no cuenta con tantas participaciones en un torneo de esas características. Ya en la actualidad, un jugador más mermado en condiciones como Higuaín es fácil que vuelva a aparcarlo al banquillo, como constante desde que llegó a Madrid. A Benzema le sigue sonriendo que algunos lo veamos como “el diferente” -donde me incluyo- aunque su actitud comienza a cansar. Es de suponer que a Karim no le llega la inteligencia para saber entender la ambición, y no es poca la virtud. En lo técnico va tan sobrado que da hasta pena verlo ahogado en un pozo dando brazadas de gran nadador para poder salir, y sin conseguirlo; seguro por actitud. La intensidad de la que muchos hablan y nadie mide, ni siquiera entrena, resultando un intangible hasta un punto mentiroso; parece ser que es de lo que adolece. Y a mi edad, la fe, me cuesta.









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