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Especial alrededor de Holanda 1974


La dupla que sigue presente en la actualidad, licencia que nos podemos permitir si los dos miembros de esa pareja se llaman Rinus Michels y Johan Cruyff. Leyendas de puro fútbol y cuatro locos para ofrecer un estudio contextual desde todas las vertientes posibles de un escenario para la historia, 1974 y ese Mundial en la Alemania Occidental (RFA). Todos los ingredientes posibles para que @kj_vng (Área Kj), @Kundera10 (Fútbol de Centrojás), @Sergio_Vilarino y servidor, sepan transmitir el nacimiento de una nueva concepción del fútbol, ‘el fútbol total’ como así fue denominado.

Un conjunto de artículos en plena sintonía con la composición de este blog y en el que puedo expresar la ilusión de haber podido colaborar en un análisis que quiere ir más allá, desde el apartado visual hasta el histórico de un contexto romántico.

Resumen de artículos:

  1. La inocencia perdida
  2. El padre olvidado
  3. El espejo del mundo
  4. Holanda 1974 (I): Partir de un posicional
  5. Holanda 1974 (II): El apogeo del ‘totaalvoetbal’
  6. Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (I)
  7. Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (II)
  8. Bendito malvado
  9. El dueño del fútbol
  10. El oro para unos, la eternidad para otros

Lista completa de vídeos en Vimeo.  

 

Espero que lo disfruten como nosotros ya lo hemos hecho por mostrar este especial sobre Holanda 1974. Un año, una fecha, un evento para la posteridad y en diferentes prismas o puntos de vista. Sin más… ¡Gracias de parte de estos ‘locos’! Por el fútbol.

Bendito malvado

20 junio, 2011 1 comentario

Por @Sergio_Vilarino

Cuando hablamos de jugador contextual queremos hacer ver al jugador cuya presencia en el césped que explica el ‘todo’. Una referencia que marca el estilo de un colectivo, el ritmo es suyo y la consecuencia también.

En algunos casos, ese jugador no solo influye en su equipo (lo cual ya es indudable referencia de su categoría), sino en un partido entero. En algunos casos, es tal el nivel, la ascendecia del jugador, que influye sobre torneos, sobre épocas enteras.

Es por ello que este Mundial 74 es tan excepcional. Tenemos a dos jugadores de esos que marcan equipo, partidos, torneos y épocas. Y ambos se enfrentaron en la final del campeonato, de forma directa, ya que venían haciéndolo indirectamente, proyectando sus auras, desde el inicio de la competición. En el caso alemán, que es el que nos ocupa, ese hombre, ese jugador contextual, se llama Franz Beckenbauer y, adecuadamente, le apodan “El Kaiser”.

Franz Beckenbauer “El Kaiser”

Beckenbauer nació al fútbol ocho años antes, comandando al lado de Wolfgang Overath el centro del campo del equipo dela RFAen el Mundial disputado en tierras inglesas. Es justo que el punto culminante de su carrera se produjese en similares circunstancias.

En 1966, el jugador del Bayern era un joven de 20 años, centrocampista de carácter ofensivo, que sorprendió al mundo con su despliegue box to box y su llegada al área contraria. Su marcaje (mutuo), al gran Bobby Charlton le hizo salir del Mundial como una figura global. Por aquel entonces, los líberos eran figuras de corte cavernario, jugadores sombríos y defensivos, a imagen y semejanza de lo que había construido Helenio Herrera en su Grande Inter. Pero Beckenbauer iba a encargarse de lavar la cara al puesto y adaptarlo a él. En el Bayern, el Kaiser Franz empezó a jugar en la línea de defensa, proyectándose hasta el medio del campo y más allá y llevando el mando de las operaciones siempre que pudiese. Ese “siempre que pudiese” poco a poco se convirtió en “siempre que quisiese”, y eso refleja su tremenda ascendencia en cualquier partido disputado por él.

Mientras en el equipo nacional Helmut Schön prefirió seguir optando por el más clásico líbero Willi Schulz (hasta después de 1970), Beckenbauer siguió compartiendo centro del campo con Overath (y Haller), lo que le sirvió para ir perfeccionando ese rol que, a partir del mundial mexicano, le permitía dominar ambas transiciones con total facilidad.

Enla Euro72, se había asentado ya como indiscutible cerebro y jefe del combinado nacional, pero el nivelazo presentado por Netzer le opacó, y durante ese año, Alemania era el equipo del rubio número 10, como ya hicimos referencia a comienzos de esta serie de artículos.

En el camino al Mundial del 74, Beckenbauer se hace con los mandos del equipo alemán. No solo dentro del campo, también en el vestuario, también en la prensa. Solo hay un líder, y ese es el Kaiser, que literalmente deslumbra durante la Copa del Mundo.

El sorteo del primer grupo le empareja con otros dos jugadores excepcionales en su puesto, Figueroa (Chile) y Bransch (RDA), pero el Kaiser brilla por encima de ellos y de cualquier otro líbero del campeonato. Su compenetración con Schwartzenbeck es casi telepática, fruto de muchos años compartiendo la franja central de la defensa del Bayern. Desde esa posición retrasada, Beckenbauer lanza medidos balones largos (ver vídeo), que baten líneas y dejan a sus extremos en posiciones inmejorables para montar una contra (ver vídeo). En defensa, qué se puede decir, un jugador no excesivamente rápido en distancias cortas, pero sí tremendamente intuitivo para los cambios de ritmo, para el posicionamiento y en el uno contra uno. Su defensa del contrataaque holandés llevado por Rep y Cruyff, donde está él solo contra ambos es un ejemplo perfecto: cabeza levantada, trote tranquilo, midiendo las distancias, amagos con el cuerpo. Rep tiene (¡debe!), esperar todo lo posible el momento de dar el pase a Cruyff que mate el partido, pero eso momento, robado por el timing de Franz, nunca llega. Maier y su extraordinaria capacidad en las salidas contra jugador hace el resto. Otro muestra también del nivel de compenetración o control de Beckenbauer con todos sus compañeros.

Su anticipación viniendo en carrera contra Cruyff y llegando a tiempo para ceder la pelota al portero en la primera parte de la final es otro buen ejemplo del compendio de virtudes defensivas que adornaban al Kaiser.

Además de esto, Beckenbauer adelanta su posición muy a menudo para compartir la base de la jugada con Overath, en una variante tremendamente explotada por este equipo de la RFA. Su presencia en el medio del campo, permite la libertad de los hombres que circulan por la zona de free running e incluso Bonhof aparece por sorpresa en alguno de los costados.La RFA consigue así una abrumadora superioridad en el medio campo, solo compensada en este torneo por Holanda en la final (aunque acaban siendo arrollados también en esta franja del terreno).

Si desde la defensa, el capitán alemán es capaz de batir líneas con facilidad gracias a su toque de balón, lo mismo podemos decir cuando su presencia es en la base de la jugada o tres cuartos de campo. Además, Beckenbauer conserva cierta capacidad de desborde de su época como centrocampista ofensivo, y su disparo de lejos es muy bueno. Debemos añadir, y esta es una faceta que desgraciadamente no vimos en el Mundial, que llegado a tres cuartos de campo (la zona de aceleración, que se suele decir), sus combinaciones con Gerd Müller eran extraordinarias, especialmente sus paredes, capaces de desarbolar cualquier entramado defensivo. Y estamos hablando de un jugador no extremadamente habilidoso como “El Bombardero”. Este es otro mérito de Beckenbauer, hacer mejores a sus compañeros, maximizar sus virtudes. Es decir, el Kaiser, condiciona a su equipo y al contrario sea cual sea su posición en el campo (ver vídeo).

Por último debemos hablar del aspecto mental. Beckenbauer era un ganador, era un líder, un animal competitivo. El más grande de su época junto al número 14 al que se enfrentó en la final de Munich. Beckenbauer condicionaba también desde el nivel mental y así lo sufrieron auténticos diablos para otras defensas del campeonato como fueron Rep y Rensenbrink, Lato o Szarmach, o el mismo Ralf Edstroem. Cuando veían llegar al capitán germano, se apagaban las luces, se bajaba la persiana, y el balón desaparecía.

Artículo creado por @Sergio_Vilarino

Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (I)

19 junio, 2011 3 comentarios

Por @Sergio_Vilarino

Cuando el 7 de julio de 1974 los once jugadores titulares del equipo dela RFAsaltaron al césped del Olympiastadion de Munich para dirimir la supremacía mundial con el superfavorito equipo de Holanda, los componentes del equipo nacional germano llegaban como los hombres que venían de superar una enorme travesía por el desierto. Así se mostraron durante la final, inasequibles al desaliento, negándose a morir en la orilla de El Dorado.

Alemania Federal, como nación anfitriona, era sin dudas una de las grandes favoritas para alzar el nuevo trofeo de campeón del mundo. Así la presentaban todas las apuestas al inicio del campeonato. Un grupo cohesionado, compacto, con talento y que, en muchos casos llevaban dos ciclos mundialistas jugando juntos.

Además, el equipo mostraba la Eurocopa ganada en 1972 como credencial. Fue este un torneo en que Alemania fue un auténtico vendaval. Amparado en hombres del Bayern Munich y del Borussia Moenchengladbach, el conjunto de Helmutt Schön pasó por Wembley como un ciclón, con un fútbol tremendamente rápido, de permuta de posiciones, con una potencia física bárbara y con una despensa de talento absolutamente avasalladora. Por aquel entonces, Beckenbauer era ya un jugador de élite mundial totalmente consolidado. Había creado una posición para sí mismo, y dominaba partidos (a nivel nacional, europeo o mundial, de clubes o de selecciones), desde su interpretación del rol de hombre libre. Pero, y esto será capital durante el desarrollo dela Copa del Mundo, “el hombre” durante ese año 72 no era el Kaiser.

Günter Netzer en su época en el conjunto del Borussia Moenchengladbach

Ese hombre era un centrocampista total, de melena rubia, potente zancada y visión periférica que había llevado al Borussia Moenchengladbach desde las catacumbas hasta la cúspide del campeonato germano y que, tras años a la sombra de Wolfgang Overath, aprovechó el retiro internacional momentáneo del líder del Colonia para liberar su enorme torrente de fútbol también con el equipo nacional. Así pues, esta Alemania era el equipo de Günter Netzer.

A lomos del excepcional número 10, la RFA dominó su grupo clasificatorio y se paseó en la fase final disputada en Bélgica. Todo ello culminado con el aplastamiento de la poderosa defensa soviética en la final de Bruselas. 3-0, y el Kaiser levantandola Copa Henri Delaunay en el palco de Heysel. Pero, como ya dijimos, la gloria pertenecía a Netzer.

Y Netzer cometió un error: fichó por el Real Madrid, vino a España, y se sometió a los entrenamientos, a todas luces más ligeros, de la Liga Española.Ello, su bajón físico y la vuelta de Overath para disputar el Mundial en casa, acabaron con la Alemania más brillante que se haya visto en terreno de juego.

Con estos antecedentes, cuando el Mundial comenzó, el equipo de Alemania Federal seguía buscando recuperar la “magia” que habían esparcido por los terrenos belgas. Y cuando decimos Alemania Federal queremos decir Bayern Munich más Borussia MG (con algún añadido), porque el núcleo duro de la selección eran ellos.

Schön trató en la primera fase de acomodar a las figuras de ambos conjuntos en el mismo once. Así, ante Chile y Australia en los dos primeros partidos, saldados con poco convincentes victorias, tenemos a Maier, Beckenbauer, Schwartzenbeck, Breitner, Hoeness y Müller por parte del Bayern y a Vogts y Heynckes por parte del Moenchengladbach. La presencia de Overath, un centrocampista muy completo y uno de los hombres de confianza de Schön, junto a los motivos antes citados, dejaba a Netzer en el banco. Grabowski, otro hombre de Schön, con enorme experiencia y Cullman, un mediocentro muy académico (físico, de pase corto, y poco tendente a tomar riesgos), componían el equipo.

Equipo espeso, lento, y al que sólo chispazos individuales salvaban de resultados comprometidos. A todas luces, ese 4-4-2 que planteaba el entrenador alemán estaba muy lejos del 4-3-3 tremendamente fluído, que le permitía ocupar espacios, realizar transiciones rápidas y, sobre todo, presionar relativamente arriba, quela RFA había presentado en Bélgica 72.

Contra la RDA el asunto fue aún peor, ya que el partido terminó en derrota. Pero, desde un punto de vista estrictamente personal, creo que fue el encuentro que mostró el camino para que la RFA volviese a la senda que les hizo temibles. Schön envió a Berti Vogts a un marcaje individual sobre el brillante y joven delantero de la RDA MartinHoffmann (ver vídeo). La permanente movilidad de Vogts llevó al equipo a abandonar ese rígido y teórico 4-4-2, y es en este encuentro cuando vemos por primera vez en el torneo a una RFA realmente fluída. Dado que Vogts abandona su posición de lateral derecho, la defensa suele estar compuesta por 3 hombres, generalmente uno de los centrales más Cullman (que hace coberturas) más un tercer jugador que puede ser Breitner (en posición teórica de lateral izquierdo) o Hoeness (que cubre la zona del carril derecho).

En el centro del campo, Overath toma la manija, a veces acompañado por Beckenbauer, a veces con Schwartzenbeck ofreciéndose. Breitner comienza también a incrustarse en la base de la jugada, aunque no tan a menudo como hará en los últimos partidos del campeonato. Idem para Hoeness. Grabowski desarrolla su clásico juego pegado a la banda que tan beneficioso resultará en el futuro combinado con las diagonales hacia adentro del todavía suplente Holzenbein. Müller sigue siendo una boya en ataque.

El punto más interesante en este partido quizá sea la presencia de Heinz Flohe, el mediapunta del Colonia, un jugador de mucha técnica y llegada desde segunda línea, y de un tremendo físico. Este jugador es la alternativa que presenta Schön en este campeonato al disminuido Netzer. Y es él quien ocupa la teórica posición del 10. Los resultados no son brillantes, pero mejora muchísimo la asociación de la selección en tres cuartos de campo, y hace que las permutas sean más naturales, con Uli Hoeness haciendo un trabajo realmente impresionante. Tan pronto cubría la banda derecha dejada por Vogts, como aparecía en posición de extremo zurdo abriendo el campo, o tomaba el mando de las operaciones en la posición del 10 mientras Flohe se dejaba caer a la zona izquierda.

El del Colonia no volverá a ser titular, pero cuando Schön necesite cerrar el campo, o más capacidad de circulación de la pelota, ahí aparecerá Flohe desde el banquillo (partidos contra Yugoslavia y Suecia).

Quizá sea en este partido cuando Schön se dé cuenta de que, sin Netzer, y con Overath acomodado ya a la base de la jugada, el espacio teórico del 10 no debe ser ocupado. Debe ser un espacio de circulación, un lugar sobre el que giren jugadores y pelota. Si se me permite la expresión: una rotonda balompédica. Lo que veremos en esa zona, ahora desocupada, durante los siguientes partidos lo podemos definir como “free running”.

Plano gráfico sobre las virtudes en el carril del ’10’ encontradas (Haz ‘click’ para agrandar)

El veterano entrenador germano va a desarrollar este concepto en la segunda fase. Va a ampliar el espacio de circulación abriendo el campo con extremos puros como Grabowski, Holzenbein o Herzog (aunque el del Fortuna Dusseldorf dio un rendimiento paupérrimo en los partidos contra Suecia y Yugoslavia). Esta aparición de los extremos puros también marcó el cambio hacia el 4-3-3 (un tanto mentiroso), que tantas alegrías había dado. En la posición teórica de mediocentro aparecía ahora el jovencísimo Rainer Bonhof, un jugador mucho más dinámico que Cullman y con un trato de balón bastante superior al del jugador del Colonia. En la posición de interiores, Hoeness y Overath, uno con tendencia a ocupar ese espacio del 10 libre, y otro a ocupar la base de la jugada.

La defensa, conformada por los 4 habituales (Vogts-Beckenbauer-Schwartzenbeck-Breitner), veía como algo habitual ver a uno de los dos centrales compartir la base de la jugada con Overath (obviamente mucho más habitual el Kaiser), y a Breitner proyectarse hacia esa misma zona y a la posición del 10, algo inaudito.

Once proyectado en esa segunda fase (Haz 'click' para agrandar)

Once proyectado en esa segunda fase (Haz ‘click’ para agrandar)

Con esta manera de jugar, y a pesar de que el vestuario está cada vez más resquebrajado (problemas internos por el tema de las primas, Breitner que está a punto de abandonar la concentración, etc), Alemania se maneja para ganar los tres partidos de la segunda fase, superando incluso a uno de los más brillantes conjuntos del torneo, como es Polonia, en un partido que nos deja otro guiño táctico que refleja cuán avanzado es este Mundial. En un campo anegado, y ante una Polonia muy agresiva, la RFA pone en práctica durante la segunda mitad una especie de “salida lavolpiana”, muy rudimentaria, pero que le permite sacar la pelota más o menos con claridad ante las dificultades a las que se ve sometida.

El camino a la final, pues, no fue de rosas, sino de lucha, problemas y soluciones, llegando al 11 que disputó el último partido, a esos 11 hombres que, repasaremos a continuación y que dieron la segunda Copa del Mundo a su país.

Artículo creado por @Sergio_Vilarino