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Especial alrededor de Holanda 1974


La dupla que sigue presente en la actualidad, licencia que nos podemos permitir si los dos miembros de esa pareja se llaman Rinus Michels y Johan Cruyff. Leyendas de puro fútbol y cuatro locos para ofrecer un estudio contextual desde todas las vertientes posibles de un escenario para la historia, 1974 y ese Mundial en la Alemania Occidental (RFA). Todos los ingredientes posibles para que @kj_vng (Área Kj), @Kundera10 (Fútbol de Centrojás), @Sergio_Vilarino y servidor, sepan transmitir el nacimiento de una nueva concepción del fútbol, ‘el fútbol total’ como así fue denominado.

Un conjunto de artículos en plena sintonía con la composición de este blog y en el que puedo expresar la ilusión de haber podido colaborar en un análisis que quiere ir más allá, desde el apartado visual hasta el histórico de un contexto romántico.

Resumen de artículos:

  1. La inocencia perdida
  2. El padre olvidado
  3. El espejo del mundo
  4. Holanda 1974 (I): Partir de un posicional
  5. Holanda 1974 (II): El apogeo del ‘totaalvoetbal’
  6. Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (I)
  7. Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (II)
  8. Bendito malvado
  9. El dueño del fútbol
  10. El oro para unos, la eternidad para otros

Lista completa de vídeos en Vimeo.  

 

Espero que lo disfruten como nosotros ya lo hemos hecho por mostrar este especial sobre Holanda 1974. Un año, una fecha, un evento para la posteridad y en diferentes prismas o puntos de vista. Sin más… ¡Gracias de parte de estos ‘locos’! Por el fútbol.

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El oro para unos, la eternidad para otros

21 junio, 2011 6 comentarios

Por @Kundera10

El 7 de Julio del 74’ sirve como referencia histórica para la mejor final de la historia de las copas mundiales de fútbol. Alemania y Holanda, el anfitrión y la selección que tenía como base al club dominador de Europa en aquel momento, fueron, por lejos, quizá sólo acompañados por Polonia, que sería tercera, los mejores equipos del campeonato. Además, contaban en sus filas con los que, a la postre, son considerados como los dos mejores futbolistas de su generación: Johan Cruyff y Franz Beckenbauer.

Holanda salió, como en todo el campeonato, con su 4-3-3, y es un decir porque luego se organizaban como querían alrededor de Cruyff y el balón, conformado por Suurbier, Haan, Rijsbergen y Krol en la zaga, Van Hanegem, Jansen y Neskeens en el medio, y Rensenbrik, Rep y Cruyff arriba. Por su lado, Alemania, que sí tuvo cambios a lo largo del torneo, como ya se ha expuesto en artículos anteriores, presentó su falso 4-3-3 con Beckenbauer, Schwarzenbeck, Vogts y Breitner en el fondo, Bonhof, Overath y Hoeness en el mediocampo, Grabowski y Hoelzenbein en las bandas, y Gerd Müller en punta. Dos constelaciones de estrellas enfrentadas en el partido más exigente.

Y exigente no sólo por el hecho de ser la final de la Copadel Mundo, con lo que eso implica a nivel psicológico y emocional, sino porque ambos equipos ofrecieron dosis de fútbol y de exigencia intelectual difíciles de hallar en contextos similares. No tardaron ni un minuto. Desde el pitido inicial, los agresivos tulipanes decidieron mostrar su cara más conservadora, en ambas transiciones, en parte por propia convicción, en parte por la propuesta alemana de negarles ventajas en la salida desde atrás, y, claro está, la presencia de Franz Beckenbauer en la transición ofensiva germana. Cuarenta segundos después del inicio del partido, Holanda ya se había encontrado con un problema que no estaban siendo capaces de solucionar: Alemania los defendía en todo el campo y no les daba pie a una salida limpia. La solución, como siempre, la propuso Johan Cruyff que abandonó su posición como referencia central del ataque para acudir a la base de la jugada, generando una ventaja posicional y numérica para su equipo, que les permitió dar un primer pase seguro e invadir territorio alemán con tranquilidad y asiduidad. La jugada se repetiría a lo largo de todo el primer tiempo y, en su primera aparición, fue la causa del primer gol del partido tras la estupenda y famosa cabalgada de Cruyff hasta el área que desembocó en el penalty que Neskeens se encargó de transformar en ventaja.

A pesar del 1-0 en el marcador, Alemania no se descontroló y siguió jugando como si nada hubiese pasado. El discurso fuerte del partido estaba en la base de la jugada de ambos equipos. Mientras Alemania defendía el primer pase holandés con fiereza, obligando siempre a Cruyff a salir de su posición de referencia para ir a sumar en la salida, y generar un primer pase limpio, Holanda tomó dos formas distintas de defender la salida alemana dependiendo de quien la ejecutase. Si los locales decidían salir por las bandas, indiferentemente de si era por izquierda o por derecha, Holanda iba y presionaba arriba, pero, si por el contrario, la salida Alemana era por el medio, y así fue la mayoría de las veces, los de Michels empezaban a defender, en el mejor de los casos, en la línea divisoria. El mecanismo de salida alemán daba pie a que su rival perdiera referencias posicionales, además del respeto que imponía Franz Beckenbauer, por lo que esa decisión era acertada. Alemania vaciaba el mediocentro -que teóricamente era Bonhof- todo el tiempo, y esa zona quedaba muerta. Overath, el interior derecho con alma de mediocentro, y Beckenbauer, se repartían el espacio a placer en la salida y, desde su excelente sentido del pase y la pausa, superaban constantemente la transición defensiva holandesa. Si los tulipanes iban a presionar, eran superados, y si esperaban, desde el “free running” alemán, Hoeness siempre encontraba espacio para recepcionar, girarse y pasar. El objetivo local de “saltarse” la transición defensiva holandesa, y lograr fases ofensivas largas, se cumplía y, aunque aún no pisaban área, exigían un esfuerzo intelectual, técnico y físico al que sus rivales no se habían enfrentado en todo el campeonato.

Por su parte, Holanda sólo encontraba ventajas en transición ofensiva desde el movimiento de Cruyff hacia la base y desde su conducción. Alemania defendía en todo el campo, cerraba líneas de pase sobre los interiores y no regalaba un espacio en banda. Los extremos abren el campo, sí, pero nunca reciben en posición ventajosa para el 1 vs 1, y, además, sufren la falta de una referencia en el medio pues los obliga a decidir si llenar el espacio o abrir el campo. Neskeens llena tímidamente el espacio del 9, pero el partido exige su presencia en la mitad. Sin 9, exigidos futbolísticamente a crear nuevas líneas de pase constantemente y con el problema de los extremos, Holanda poco a poco pierde dominio del partido. No logran ser profundos, y las pocas veces que logran llevar el balón al área, la técnica defensiva alemana se sobrepone. Los de Schön recuperan cada vez más fácil y su transición ofensiva desactiva la presión ‘Oranje’, provocando una fase defensiva constante, a la que no están acostumbrados, y en la que a medida que pasa el tiempo van cediendo en concentración e intensidad. Reflejo de ello es la jugada del penalty de Jansen -superadísimo por el partido-, en la que Overath desactiva la presión, manda un pase a Hoelzenbein, quién con todo el espacio del mundo para el 1 vs 1 se mete al área y derribado. Breitner, que también sería un generador constante de ventajas desde su centrocampismo, anotaría el gol del empate.

A partir de ahí, los alemanes pasarían a dominar el partido, siendo esos veinte minutos finales los únicos en los que ‘La naranja mecánica’ sería realmente superada durante el mundial. El empate transmitió confianza a los locales, que se agarraron con más fuerza de su discurso y empezaron a ser más agresivos aún en la transición ofensiva, a posicionarse en fase ofensiva con aún más claridad e instalaron la duda en los hombres de Michels, que no encontraban solución a todos los problemas que les planteaba su rival. Los espacios que, normalmente, son del mediocentro y del ‘10’, eran desocupados por los alemanes, pero activados todo el tiempo. La falta de referencia en esas zonas confundía todavía más a los visitantes, que no sabían a quién presionar y en qué zonas. El gol de Müller llegaría en una de esas acciones, en la única que tuvo ‘Der Bomber’ en todo el partido.

No obstante, el genio de Michels entraría a pesar en el partido. La entrada de Van Der Kerkhof en lugar del superado Rensenbrik tenía un objetivo: Lograr amplitud y profundidad. Para ello, además, Michels se la jugaría a despoblar el mediocampo, pasando del 4-3-3 inicial a una especie de 4-2-4. Van Der Kerkhof, quién no era un extremo natural, abriría, normalmente, por banda izquierda, bien pegado a la cal y en la línea de la zaga alemana. El jugador del PSV era un futbolista dotado de pausa, capaz de sumar en un contexto de fútbol asociativo, y bastante obediente a nivel táctico. Su inclusión como extremo permitía sumar una opción de pase más al sistema holandés, y abrir de manera mucho menos exigente el campo. Van Hanegem y uno de los dos interiores, en principio Jansen, por ser el menos dotado para el fútbol de posesión, y por su agresividad, llenarían de forma fija el espacio que dejaba Cruyff en el medio del frente ofensivo. Ese cambio táctico dotó a los visitantes de los dos factores que extrañaron en la primera mitad y, aunque la mitad era menos numerosa, su transición ofensiva comenzó a ser muchísimo más potente, comenzaron a tener más espacios en la mitad y, poco a poco, a meter a los alemanes dentro de su área, desactivando su transición ofensiva y consiguiendo el dominio posicional que habían exhibido durante toda la Copa.

Con ambas transiciones nuevamente funcionando con normalidad, Holanda dominó tal y como ya se había acostumbrado. Desde el dominio posicional en transición defensiva, producto de una transición ofensiva potente, amplia y profunda. Con el paso del tiempo los alemanes aculaban más y más, y sus opciones de contragolpear se limitaban a ninguna. El partido había desembocado en situaciones donde el último hombre holandés se posicionaba a ¡35! Metros de la portería local. Ni siquiera la lesión de Rijsbergen alimentó la confianza teutona que veía como minuto a minuto su rival se posicionaba en su área y creaba una ocasión de gol. La figura de Cruyff, tanto como 9 bajando balones como de lanzador en el mediocampo, se alzó sobre todos menos sobre la heroica y felina figura de Sepp Maier. El portero del Bayern Munich y la selección alemana se encargó, una y otra vez, de ahogar grito tras grito de gol holandés.

Artículo creado por @Kundera10, autor de Fútbol de Centrojás

 

El dueño del fútbol

21 junio, 2011 3 comentarios

Por @Kundera10

Pasa como una centella, saltando patadas en el camino, la toca con la izquierda, luego con la derecha y cambia nuevamente de dirección. De repente, se frena y, espalda recta, estático, otea el horizonte, cuero contra cuero, y pasa la pelota mientras, con ademanes de general en gran batalla, ordena a sus compañeros lo que han de hacer a continuación. Genio. Figura. Único: Johan Cruyff.

Votado como mejor futbolista europeo del siglo XX, aquel chico flaco, cuyo confeso ídolo era el argentino Alfredo Di Stéfano, se adueñó del fútbol europeo en un par de años desde su debut. En su primera temporada como titular habitual, el Ajax ganaría la liga, y como preámbulo de las tres Copas de Europa que conseguiría de formas consecutiva desde la 70-71 a la 72-73, sólo tres temporadas después de su ascenso al primer equipo, llevó a su equipo a disputar una final de Copa de Europa. La revolución había empezado, y la leyenda que ocuparía el trono que había dejado Di Stéfano, ya se estaba forjando.

El resto, lo sabemos todos. Los tres Balones de Oro, su paso por el Barcelona, como jugador y como técnico, su mundial 74’y la derrota en la final – ¿Qué es más bello que un gran ganador? La caída de un coloso – , la negativa a jugar el mundial 78’, su vuelta al Ajax y su carrera como entrenador, pero ¿Qué es Johan Cruyff, el futbolista? La respuesta a esa pregunta es complicada.

Para empezar, hay que aclarar que Cruyff era delantero, no centro como el finísimo Van Basten, sino un segunda punta como lo es hoy Lionel Messi y, además, como el argentino, desarrolló lo mejor de su fútbol jugando como falso delantero centro. Cruyff partía de ahí, y llegaba a todos lados. Su influencia se proyectaba a todo el campo y, no, no se trata de un recurso literario. Cruyff, salvo quizá su propia área, dominaba el resto del terreno de juego, y su elegante juego pisaba los tres carriles desde la frontal de su campo propio hasta el área chica rival. Cuando uno, acostumbrado al fútbol de hoy, se sumerge en fútbol de ayer, y ve a Cruyff por primera vez, el choque es inmenso e inmediato. El futbolista total asoma, hipnotiza, alegra y sorprende.

¿Cómo defender un futbolista así? Los límites de la influencia de Cruyff simplemente no existían. La marca personal como la que intentó, a medias pues sólo se dio en campo alemán, Vogts durante la final es estéril. El conocimiento del juego por parte de Cruyff es infinito y ante un caramelo así, el ‘Flaco’ elimina siempre al contrario de la jugada, con algún falso desmarque, o bien se lo saca de encima desde su cambio de ritmo. La marca al hombre es inviable y, la marca en zona, al ser su campo de influencia tan vasto, deja siempre lugar a que el genio reciba con espacio. Si Cruyff recibía, su poderío individual era tan grande que plantaba a su equipo en el último tercio de cancha en un par de segundos, tal y como se evidencia en los primeros once minutos del vídeo.El primer paso de Cruyff bien puede ser el más rápido de la historia. Mientras el ‘14’ ya ha culminado el segundo gesto técnico, el contrario apenas está reaccionando. Si bien su velocidad punta, al menos ya en el mundial, no era tan determinante como la de otros futbolistas, la aceleración de Cruyff, y su increíble cambio de ritmo, sumado a su excelsitud técnica y su incalculable talento, hacían de Johan un futbolista imparable e indefendible.

Pero el fútbol de Cruyff no se detiene en su dribbling endiablado y su amplia zona de influencia, basada en su gran conocimiento del juego. Cruyff es director de la transición ofensiva (Ver vídeo desde el minuto 16), ya sea marcando la dirección de la misma desde su posicionamiento en el campo, o bien siendo su ejecutor, y de la fase ofensiva de sus equipos. Además de su fenomenal conducción, Cruyff atesoraba dotes de futbolista cerebro. Cuando Holanda logra fases ofensivas posicionales alargadas, estas giran sobre Cruyff, su sentido y técnica del pase –Con ambas piernas y manejando toda la superficie de ambos pies-, y su inteligencia para crear líneas de pase en todo el campo contrario. Sumado a todo esto, la presencia de Cruyff en el partido era sinónimo de amplitud para su equipo (Minuto 11 hasta el minuto 16). El genio adoraba caer a banda, ya sea en la base de la jugada o en posiciones más adelantadas, para ser, primero, referencia de la transición ofensiva de su equipo, y, segundo, marcar diferencias en zona de aceleración, creando espacios en el medio, driblando defensores o incluso llegando a línea de fondo como un extremo natural. La versatilidad de Cruyff era inmensa.

No obstante, lo más especial de Johan no está en lo anteriormente citado, ni en su talento defensivo, que también lo tiene, sino en su capacidad para ser siempre solución a los problemas que afectan a su colectivo. Recapitulando, además de ser una fuente constante de ventajas desde su conducción endemoniada, su creación de líneas de pase y sus desmarques, ser sinónimo de profundidad y amplitud, y ser director y ejecutor de la transición y la fase ofensiva, desde su multitud de cualidades técnicas y su monumental fútbol, Johan tenía la virtud de detectar los problemas que tiene su equipo y darles solución. El fútbol de Cruyff era, en esencia, eso. El fútbol es, básicamente, un juego de estrategia, de plantear problemas y propones soluciones continuas durante 90 minutos. Dentro de un marco así, un futbolista como ‘Nummer 14’ es, sin duda, el rey; El dueño del fútbol. Este juego se entendía, y se entiende aún, desde los pies, los ojos y las directrices de Johan Cruyff.

¿Y cuáles eran esas soluciones que daba Johan? Aún en la amplitud y complejidad de su juego, cuando uno observa a Cruyff puede encontrar dos patrones que se repiten con más constancia que otros. Detectado el problema, y dentro de la vasta variedad de matices que se encuentran en diferentes partidos de fútbol, Cruyff, normalmente, decidía si pasaba de ser un argumento en la base la jugada, a ser el discurso en la base de la jugada, o bien a posicionarse, totalmente, como delantero centro.

Como 9, dorsal que usó más de una vez, Johan es la referencia absoluta (ver vídeo a partir del minuto 20). Si de falso delantero centro, Cruyff es el punto de referencia de la transición ofensiva, jugando de ariete esto se maximiza. Holanda pasa a un 4-1-4-1, directísimo, rápido y convierte el carril central de una autopista en la que se enfrenta un F1, Cruyff, a un montón de mini-karts, los defensas. Cruyff alarga la defensa rival, da profundidad a su equipo y les da oxígeno desde sus desmarques y la administración del frente de ataque: Holanda siempre tiene una vía para salir hacía adelante. Ya con el balón en su poder, Cruyff se enfrenta a los dos centrales y, a lo sumo, al mediocentro rival. Los laterales fijados por Rep y Rensenbrik están fuera de combate. Muy pocos defensores contra el genio, la adrenalina sube exponencialmente y la sensación de miedo recorre el cuerpo de los defensores y el portero. Tienen dos esperanzas, que Cruyff falle en la definición, poco factible, o aguantarlo lo suficiente para que la ayuda llegue. Por último, hay que hacer mención a sus desmarques de ruptura. Cuando Cruyff se desmarcaba, el movimiento era tan claro que si los defensas, todos, no lo seguían, era la muerte, como, por ejemplo, le pasó a Argentina en aquél famoso gol.

Por otro lado, aparece la opción de Cruyff en la base de la jugada (ver vídeo desde el minuto 23). Antes de continuar es preciso recordar que Cruyff es el falso 9 del equipo y que, ante problemas que su colectivo afronta, se hace común verlo aparecer en la base de la jugada (La última jugada del vídeo es paradigmática en este sentido), bien para aclarar el pase, bien para ser el mismo quién ejecute la salida, ya sea como mediocentro, lo más normal durante el mundial (En el partido contra Argentina, Johan se pasa casi todo el partido como mediocentro y desde allí desborda y domina al rival), e incluso de líbero, sin desentonar nunca y siendo capaz de dominar el partido desde la base. Su zona de influencia era, sin exagerar, todo el campo.

Quiénes lo vieron jugar cada domingo dicen que detrás de esa forma de conducir el balón tan característica, como si estuviese bailando ballet, y sus acrobacias en el área, se escondía un futbolista dictatorial, que jugaba sólo cuando quería. La verdad de dicha acusación, sin embargo, produce indiferencia cuando el partido empieza y Cruyff se apodera de lo que ya era suyo, el fútbol.

 

Artículo creado por @Kundera10, autor de Fútbol de Centrojás

Bendito malvado

20 junio, 2011 1 comentario

Por @Sergio_Vilarino

Cuando hablamos de jugador contextual queremos hacer ver al jugador cuya presencia en el césped que explica el ‘todo’. Una referencia que marca el estilo de un colectivo, el ritmo es suyo y la consecuencia también.

En algunos casos, ese jugador no solo influye en su equipo (lo cual ya es indudable referencia de su categoría), sino en un partido entero. En algunos casos, es tal el nivel, la ascendecia del jugador, que influye sobre torneos, sobre épocas enteras.

Es por ello que este Mundial 74 es tan excepcional. Tenemos a dos jugadores de esos que marcan equipo, partidos, torneos y épocas. Y ambos se enfrentaron en la final del campeonato, de forma directa, ya que venían haciéndolo indirectamente, proyectando sus auras, desde el inicio de la competición. En el caso alemán, que es el que nos ocupa, ese hombre, ese jugador contextual, se llama Franz Beckenbauer y, adecuadamente, le apodan “El Kaiser”.

Franz Beckenbauer “El Kaiser”

Beckenbauer nació al fútbol ocho años antes, comandando al lado de Wolfgang Overath el centro del campo del equipo dela RFAen el Mundial disputado en tierras inglesas. Es justo que el punto culminante de su carrera se produjese en similares circunstancias.

En 1966, el jugador del Bayern era un joven de 20 años, centrocampista de carácter ofensivo, que sorprendió al mundo con su despliegue box to box y su llegada al área contraria. Su marcaje (mutuo), al gran Bobby Charlton le hizo salir del Mundial como una figura global. Por aquel entonces, los líberos eran figuras de corte cavernario, jugadores sombríos y defensivos, a imagen y semejanza de lo que había construido Helenio Herrera en su Grande Inter. Pero Beckenbauer iba a encargarse de lavar la cara al puesto y adaptarlo a él. En el Bayern, el Kaiser Franz empezó a jugar en la línea de defensa, proyectándose hasta el medio del campo y más allá y llevando el mando de las operaciones siempre que pudiese. Ese “siempre que pudiese” poco a poco se convirtió en “siempre que quisiese”, y eso refleja su tremenda ascendencia en cualquier partido disputado por él.

Mientras en el equipo nacional Helmut Schön prefirió seguir optando por el más clásico líbero Willi Schulz (hasta después de 1970), Beckenbauer siguió compartiendo centro del campo con Overath (y Haller), lo que le sirvió para ir perfeccionando ese rol que, a partir del mundial mexicano, le permitía dominar ambas transiciones con total facilidad.

Enla Euro72, se había asentado ya como indiscutible cerebro y jefe del combinado nacional, pero el nivelazo presentado por Netzer le opacó, y durante ese año, Alemania era el equipo del rubio número 10, como ya hicimos referencia a comienzos de esta serie de artículos.

En el camino al Mundial del 74, Beckenbauer se hace con los mandos del equipo alemán. No solo dentro del campo, también en el vestuario, también en la prensa. Solo hay un líder, y ese es el Kaiser, que literalmente deslumbra durante la Copa del Mundo.

El sorteo del primer grupo le empareja con otros dos jugadores excepcionales en su puesto, Figueroa (Chile) y Bransch (RDA), pero el Kaiser brilla por encima de ellos y de cualquier otro líbero del campeonato. Su compenetración con Schwartzenbeck es casi telepática, fruto de muchos años compartiendo la franja central de la defensa del Bayern. Desde esa posición retrasada, Beckenbauer lanza medidos balones largos (ver vídeo), que baten líneas y dejan a sus extremos en posiciones inmejorables para montar una contra (ver vídeo). En defensa, qué se puede decir, un jugador no excesivamente rápido en distancias cortas, pero sí tremendamente intuitivo para los cambios de ritmo, para el posicionamiento y en el uno contra uno. Su defensa del contrataaque holandés llevado por Rep y Cruyff, donde está él solo contra ambos es un ejemplo perfecto: cabeza levantada, trote tranquilo, midiendo las distancias, amagos con el cuerpo. Rep tiene (¡debe!), esperar todo lo posible el momento de dar el pase a Cruyff que mate el partido, pero eso momento, robado por el timing de Franz, nunca llega. Maier y su extraordinaria capacidad en las salidas contra jugador hace el resto. Otro muestra también del nivel de compenetración o control de Beckenbauer con todos sus compañeros.

Su anticipación viniendo en carrera contra Cruyff y llegando a tiempo para ceder la pelota al portero en la primera parte de la final es otro buen ejemplo del compendio de virtudes defensivas que adornaban al Kaiser.

Además de esto, Beckenbauer adelanta su posición muy a menudo para compartir la base de la jugada con Overath, en una variante tremendamente explotada por este equipo de la RFA. Su presencia en el medio del campo, permite la libertad de los hombres que circulan por la zona de free running e incluso Bonhof aparece por sorpresa en alguno de los costados.La RFA consigue así una abrumadora superioridad en el medio campo, solo compensada en este torneo por Holanda en la final (aunque acaban siendo arrollados también en esta franja del terreno).

Si desde la defensa, el capitán alemán es capaz de batir líneas con facilidad gracias a su toque de balón, lo mismo podemos decir cuando su presencia es en la base de la jugada o tres cuartos de campo. Además, Beckenbauer conserva cierta capacidad de desborde de su época como centrocampista ofensivo, y su disparo de lejos es muy bueno. Debemos añadir, y esta es una faceta que desgraciadamente no vimos en el Mundial, que llegado a tres cuartos de campo (la zona de aceleración, que se suele decir), sus combinaciones con Gerd Müller eran extraordinarias, especialmente sus paredes, capaces de desarbolar cualquier entramado defensivo. Y estamos hablando de un jugador no extremadamente habilidoso como “El Bombardero”. Este es otro mérito de Beckenbauer, hacer mejores a sus compañeros, maximizar sus virtudes. Es decir, el Kaiser, condiciona a su equipo y al contrario sea cual sea su posición en el campo (ver vídeo).

Por último debemos hablar del aspecto mental. Beckenbauer era un ganador, era un líder, un animal competitivo. El más grande de su época junto al número 14 al que se enfrentó en la final de Munich. Beckenbauer condicionaba también desde el nivel mental y así lo sufrieron auténticos diablos para otras defensas del campeonato como fueron Rep y Rensenbrink, Lato o Szarmach, o el mismo Ralf Edstroem. Cuando veían llegar al capitán germano, se apagaban las luces, se bajaba la persiana, y el balón desaparecía.

Artículo creado por @Sergio_Vilarino

Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (II)

20 junio, 2011 1 comentario

Por @Sergio_Vilarino

SEPP MAIER #1

El Gato de Anzing llegaba a su tercer Mundial en el mejor momento de su carrera. Había estado en Inglaterra 66 como suplente de Hans Tilkowski y había sido el indiscutible guardameta titular en el Mundial de México. En el año 74, ningún portero alemán podía alcanzar su nivel, ni mucho menos discutir su titularidad. Top 3 mundial de la época junto al italiano Dino Zoff y (curiosamente), el holandés Jan van Beveren.

Su tremenda experiencia, ya que además de dos Copas del Mundo, había ya ganado la Recopa y una Copa de Europa con el Bayern, además de títulos nacionales, le hacían un seguro a prueba de bombas en el combinado nacional. Era además uno de los capos del vestuario y su carácter contagiaba al equipo en los momentos más difíciles. Su duelo con el gran Ronnie Hellstrom en el partido contra Suecia y sus paradas contra Polonia fueron decisivas en el caminar hacia la luz del equipo durante la segunda fase. Obviamente, en la final demostró todas estas cualidades a la máxima potencia.

Su juego de pies nunca fue su fuerte, pero sí su uno contra uno, donde era un tremendo especialista. Esta faceta aportó seguridad a un equipo que en varias ocasiones se encontró en inferioridad numérica ante contraataques del equipo holandés. La pericia y coordinación entre Maier y Beckenbauer (otro de los puntos fuertes del equipo alemán), les ayudó a solventar estos difíciles momentos con mayor o menor facilidad.

BERTI VOGTS #2

Su tenacidad le valió el apodo de “El Terrier”, y pasó a la historia como capitán del Borussia Moenchengladbach. Este lateral derecho llevaba también dos ciclos mundialistas con el equipo nacional. No estuvo en el 66 por una lesión (a pesar de ello, viajó con la selección a Inglaterra), y ya fue una fuerza importante dela RFA en 1970.

Vogts disputó como titular los 7 encuentros del Mundial, era un peso pesado del vestuario y el principal nexo de unión entre los clanes de Moenchengladbach y Munich. Tal era su peso específico que, mientras Heynckes y Netzer (además de Wimmer o Kremers), eran desplazados del equipo, su puesto nunca peligró ni fue puesto en duda, y solamente el joven Bonhof pudo emerger del ostracismo al que acabó relegado el bando de Netzer.

En este campeonato, Berti será recordado como un especialista en marcajes individuales, aunque solo realizase dos en 7 partidos. Eso sí, decisivos ambos.

El primero de ellos, ya tratado, fue el que realizó al delantero de 19 años dela RDA MartinHoffmann, no por lo decisivo en el marcador, sino por lo que supuso para el engranaje del equipo. ¿Quién sabe si sin esa marca individual,la RFArecuperaría la fluidez a tiempo?

El marcaje individual a Cruyff por parte de Berti Vogts

El segundo, el más famoso, comenzó en desastre. En la final, Johan Cruyff le superó como un avión en el primer minuto de partido en su camino hacia el área, donde sería derribado por Holzenbein, consiguiendo así el penalti que adelantaba a los holandeses. Pero durante los restantes 89 minutos, Vogts sujetó a la perfección al mejor futbolista ofensivo del mundo, maniatando así muchas de las posibilidades ofensivas de la Naranja Mecánica.Tan bueno fue su trabajo que Cruyff, la auténtica dínamo del conjunto naranja durante todo el torneo, llegó a desaparecer del encuentro final, y durante diez o quince minutos retrasó su posición hacia la defensa huyendo del severo marcaje de Vogts. En cierto modo, un pedacito dela Copa Mundial, lo ganó El Terrier, con su vigilancia al legendario número 14.

Aparte de sus aptitudes para el marcaje individual, Vogts subirá la banda con cierto criterio (no muy a menudo), pero sí creando peligro en sus incursiones. Muy importante era su rol durante la fase ofensiva del equipo, cerrando atrás junto a Schwartzenbeck (o excepcionalmente Beckenbauer), con Bonhof por delante de ellos ejerciendo de ancla.

HANS GEORG SCHWARTZENBECK #4

Hans Georg Schwartzenbeck

“Katsche” era la potencia en la defensa germana. Inseparable compañero de Beckenbauer en la dupla central, llegaba a la cita mundialista consolidado como el mejor central alemán. Su compenetración con el Kaiser estaba fuera de toda duda, ya que venían jugando desde el 66 juntos en el Bayern y habían ganadola Euro 72 formando el centro de la defensa alemana.

Jugador que siempre será recordado como más físico que técnico, pero que ni mucho menos era cojo. En este Mundial lo vamos a ver relativamente a menudo subiendo a medio campo, ofreciéndose a Overath o Bonhof y dando soluciones fáciles y efectivas a la circulación de balón, ya que su posicionamiento táctico es brillante. Además, sus llegadas al área contraria por pura potencia crearon bastante peligro, así como su peligro derivado de su excelente disparo de larga distancia. Estaba fresca la final de Copa de Europa contra el Atletico de Madrid (donde marcó un gol espectacular desde más de30 metros), y su sola presencia en las inmediaciones del área generaba pánico y ventajas que sus compañeros podían aprovechar.

PAUL BREITNER #3

Seguramente uno de los jugadores que más reforzado salió de la Copadel Mundo. El “Abisinio” era uno de los jugadores más jóvenes de todo el plantel alemán (junto a Hoeness y Bonhof, curiosamente otros dos que dieron totalmente la talla en competición), y se confirmió como uno de los dos o tres jugadores más decisivos.

Ya había jugado muy bien durante la Eurocopadel 72, con apenas 21 años, y había ganado la Copa de Europa con el Bayern. Desde su posición de lateral izquierdo se proyectaba en ataque y creaba peligro constante, ayudando también a la creación de juego. Aunque su pico de juego seguramente llegue en este Mundial.

Breitner era un futbolista genuinamente setentero: revolucionario, radical en sus concepciones, innovador… Un lateral nacido para correr libremente a lo largo del rectángulo de juego. Con Schön, y partiendo de su posición natural y teórica de lateral izquierdo, Breitner avanzaba hasta el medio campo, a veces incrustándose en la zona de creación junto a Overath y Beckenbauer, ofreciendo un tercer jugador dotadísimo para el movimiento de balón. En los primeros partidos será muy habitual verle en esta zona. Además, su poderoso disparo desde lejos genera al equipo excelentes réditos en los partidos contra Chile y Yugoslavia, donde Paul marca con dos tremendos cañonazos.

Especialmente en la segunda fase, Breitner se desata, en parte por el nuevo entramado táctico de la RFA, y ya no solo le vemos habitualmente en la base de la jugada sino también ocupando el espacio del 10 junto a Hoeness, en una acumulación de talento tremenda ya que Beckenbauer y Overath andan por detrás de ellos. Mientras, Grabowski y Holzenbein se mantienen pegados a la cal, proporcionando alternativas distintas para abrir la lata del equipo contrario.

No es descabellado decir que, el despliegue de fútbol que Breitner realiza en este campeonato, está muy en el estilo del brasileño Junior en 1982 o actualmente Marcelo en el Real Madrid.

RAINER BONHOF #16

El jugador más joven de los 22 que componían el equipo nacional y, seguramente, el que con su presencia permitió la mayor fluidez en el centro del campo. Como ya habíamos dicho, durante los primeros partidos del torneo, Helmutt Schön optó por Bernd Cullman como su mediocentro. Defensivamente, el equipo era una roca, pero el limitado Cullman no se asociaba de la mejor manera en la base de la jugada ni proporcionaba una salida limpia del balón llegado el caso.

Situación dada entre Rainer Bonhof frente a Johan Neeskens

Con la irrupción de Bonhof, la cosa cambia. El jugador del Borussia Moenchengladbach no solo iguala al veterano del Colonia en despliegue físico sino que le supera con creces en manejo de balón. Bonhof se convertirá en el “joker” del equipo, en el chico para todo. Desde su posición de mediocentro específico le vamos a ver operar por delante de la línea de defensa, cubriendo el espacio dejado por Beckenbauer o Schwartzenbeck en sus subidas (ejerce de hombre ancla en fase ofensiva, por detrás del Kaiser y Overath, que son quienes llevan la manija), liberando a Uli Hoeness de preocupaciones defensivas para que pueda ocupar y recorrer con más libertad ese “espacio del10”sobre el que gira el juego de esta Alemania. Idem ocurre con Berti Vogts cuando este es encargado de un marcaje individual: Bonhof se encarga de cubrir los espacios dejados por el número 2, y, no contento con ello, se proyecta por la banda derecha como ocurre durante la final (él da el pase del gol de Gerd Müller en una incursión por el ala derecha).

WOLFGANG OVERATH #12

La gran estrella del Colonia es uno de los hombres capitales del equipo, a nivel futbolístico y a nivel humano. Llegaba a su tercer Mundial tras unos años de retiro internacional, pero su vuelta hizo menos traumática la caída en desgracia de Netzer. Overath era uno de los hombres de confianza de Helmutt Schön, junto a Beckenbauer y Grabowski (sus tres veteranos de 1966).

Overath y Netzer

El gran Wolfgang, con su número 12 ala espalda, había sido pieza clave del mediocampo alemán en Inglaterra y Mexico, cuando, teóricamente, ese mediocampo estaba formado por dos hombres (algo que no es así, ya que siempre va a haber un Haller o un Seeler que aparezca como tercer hombre). Ese “otro” hombre era Beckenbauer, con quien se entenía a las mil maravillas, como quedará demostrado una vez más en Alemania 74. Ahora ambos se unirán de nuevo en la base de la jugada, controlando el tempo del partido, batiendo líneas con su privilegiada visión de juego y combinándonse para ocupar el mayor espacio posible, ofreciendo todas las alternativas del momento. Si tenemos que quedarnos con una cualidad de Overath, esa es su rango de pase, raramente le veremos fallar un pase o equivocarse en una decisión, y es este entendimiento del fútbol lo que lo hace tan decisivo en este equipo.

Comenzó el Mundial un poco dubitativo, ya que el poco dinámico juego de la RFA no le favorecía, pero con la aparición del “free running” delante suya y a los costados (cortesía de Hoeness, Breitner, Grabowski y Holzenbein), la figura de Overath se agiganta y el 12 de Colonia se erige como la auténtica torre de control del juego de Alemania. En parte, la asunción del “espacio del10” como zona de libre utilización viene de la nueva concepción de su rol por parte de Overath, mucho más anclado en el medio campo, tratando de ofrecerse y dar la salida adecuada a cualquier situación en esa zona.

Además, es un jugador sacrificado en fase defensiva, y su trabajo sobre los brillantes Deyna y Van Hanegem/Neeskens formará parte de su excelente hoja de servicios durante esta Copa del Mundo.

ULI HOENESS #14

Hoeness es la tercera pata de ese joven banco que tan decisivo fue para cambiar la cara a la triste Alemania de inicios de campeonato (Hoeness-Breitner-Bonhof). Como ya hemos descrito a lo largo de este artículo, en casi cualquier cambio, situación o movimiento decisivo de esta Copa del Mundo encontramos el nombre de Uli Hoeness. Ya había sido parte importante del equipo ganador del Campeonato de Europa en 1972, pero en el 74 su importancia se revela capital.

Hoeness inicia el campeonato del mundo jugando en la banda izquierda del mediocampo que plantea Helmutt Schön, en ciertos momentos casi como delantero o extremo (posiciones en las que no se siente del todo cómodo). Cullman y Overath ocupan el centro de manera perenne, Grabowski la derecha y Hoeness la izquierda, mientras que Heynckes y Müller, dos goleadores consumados, tratan de entenderse arriba.

En este contexto, el fútbol (extremadamente dinámico), de Hoeness se encuentra capado. Debe circular sobre raíles y ello hace que su nivel se resienta y que el equipo lo note. Alemania es desde el comienzo del campeonato un equipo encorsetado y bastante predecible.

Con el cambio de sistema, Hoeness vuelve a la vida. Ocupa la posición de volante junto a Overath y, mientras este suele retrasarse para ocupar la base de la jugada, Hoeness es la quintaesencia del “free running”. Ocupa espacio en la “zona del 10”, se ofrece, galopa con la pelota, permuta con Grabowski y con Flohe o Herzog (no tanto con Holzenbein), enlaza a la perfección con el hasta entonces aislado Gerd Müller, es la unión entre ambas transiciones y, en definitiva, es la dinamo del equipo alemán.

En términos actuales diríamos que Hoeness se mueve libremente a lo largo de la “línea de tres” (en un hipotético 4-2-3-1). Además, su entendimiento con Bonhof nos deja algunas jugadas en las que Hoeness ocupa el rol del jugador del Moenchengladbach, siendo este el que aparece en ataque, creando la confusión entre los rivales (el partido ante Polonia es el mejor ejemplo), y pudiendo ensayar su poderoso disparo a puerta con más libertad.

JURGEN GRABOWSKI #9 y BERND HOLZENBEIN #17

Así, como un solo hombre, vemos a los extremos de esta Alemania 74. Aunque los caminos que siguieron ambos durante el torneo fueron bastante diferentes, su contribución al éxito final fue importante. Los extremos del Eintracht de Frankfurt permitieron con su magnífico juego pegado a la cal, la generación del espacio necesario para que el centro del campo alemán respirase y superase a sus rivales.

Grabowski era ya un veterano curtido en mil batallas en 1974, con dos Copas del Mundo a sus espaldas. Ya no era el jugador extremadamente veloz de antaño (su Mundial del 70 es tremendo pegado a la cal. Recordemos su entrada contra Inglaterra, donde destroza a Terry Cooper y es clave en la remontada germana), pero su capacidad de desborde todavía le mantenían como un jugador útil para el seleccionador. Comenzó el Mundial jugando en mediocampo, ocupando la zona derecha, pero desde ahí su juego se perdía, ya que estaba muy alejado de su único objetivo, que era la línea de fondo. Tan atrás, Grabowski perdía mucha eficacia, ya que tampoco era un jugador brillante en la asociación. Sin embargo, cuando Schön quita a Heynckes y Grabowski vuelve a encontrarse en su hábitat natural, como extremo derecho, el jugador del Eintracht, vuelve a ver la línea de fondo con regularidad, y desborda a sus rivales más por habilidad que por velocidad. Ruud Krol puede dar fe de ello, ya que lo sufrió en sus carnes durante toda la final del Mundial.

Holzenbein era todo lo contrario a Grabowski. Llegaba a su primera Copa del Mundo y le costó hacerse un hueco como titular en el equipo. Pero cuando lo hizo en la segunda fase, se convirtió en capital por su capacidad para abrir el campo, su desborde (tanto hacia adentro como hacia afuera), y su entendimiento con Paul Breitner. Quizá el aspecto más destacado de su juego fuesen esas diagonales izquierda-derecha que le permitían generar incertidumbre en la defensa contraria, manteniendo a su marcador pendiente de él y también manteniendo la atención de uno de los dos centrales, aliviando así a Torpedo Müller.

GERD MÜLLER #13

El goleador por antonomasia del fútbol europeo de la época. Quizá el menos alemán físicamente de todo el equipo. Müller nunca fue un portento a nivel técnico, además físicamente llamaba la atención por poseer una estructura corporal un tanto peculiar. Tenía piernas cortas, un tronco rechoncho y no era lo suficientemente alto. Sin embargo, era un futbolista tremendamente inteligente, con un sentido del posicionamiento bárbaro y sobre todo, con olfato.

Gerd Muller en virtud del remate

A pesar de lo que hemos dicho de su técnica, Müller sí dominaba convenientemente el arte del control: siempre era capaz de recibir la pelota y dejarla en posición ideal para su remate. Posición ideal para él, que era capaz de rematar en posiciones anormalmente bajas o desequilibradas, merced a su potente tren inferior y su bajo centro de gravedad. Ello además le permitía realizar giros inverosímiles, capaces de dejar clavado al mejor defensor, y sprintar en distancias cortas con la suficiente intensidad como para llegar una décima de segundo antes que su marcador, meter la pierna y anotarse una nueva muesca a su rifle. Era la inteligencia en el área hecha futbolista.

A este Mundial Müller llegaba en el punto más álgido de su carrera, ya había disputado uno, consagrándose, como ya era habitual para él, máximo goleador del torneo, y también había ganado la Euro72 con goles decisivos por su parte. Así que en Alemania 74 se espera otro aluvión de goles por parte de “Der Bomber”. No fue ni mucho menos así, ya que los primero encuentros fueron duros para Müller, que no se entendía en el doble 9 con Jupp Heynckes (ambos había jugado juntos en el 72, pero Heynckes jugaba caído en banda), y se veía desasistido sin la figura de Gunther Netzer ocupando el medio campo. Cuando Schön por fin solucionó esto, Müller comenzó su recital, no solo con goles (decisivos sus tantos a Polonia y Holanda), sino también de movimientos en área, de fijación de centrales, de venir incluso a ocupar en algunos momentos el “espacio del 10”abriendo así espacio para las diagonales de Grabowski y Holzenbein. En definitiva, del Torpedo Müller más completo que se había visto hasta la fecha.

Artículo creado por @Sergio_Vilarino

Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (I)

19 junio, 2011 3 comentarios

Por @Sergio_Vilarino

Cuando el 7 de julio de 1974 los once jugadores titulares del equipo dela RFAsaltaron al césped del Olympiastadion de Munich para dirimir la supremacía mundial con el superfavorito equipo de Holanda, los componentes del equipo nacional germano llegaban como los hombres que venían de superar una enorme travesía por el desierto. Así se mostraron durante la final, inasequibles al desaliento, negándose a morir en la orilla de El Dorado.

Alemania Federal, como nación anfitriona, era sin dudas una de las grandes favoritas para alzar el nuevo trofeo de campeón del mundo. Así la presentaban todas las apuestas al inicio del campeonato. Un grupo cohesionado, compacto, con talento y que, en muchos casos llevaban dos ciclos mundialistas jugando juntos.

Además, el equipo mostraba la Eurocopa ganada en 1972 como credencial. Fue este un torneo en que Alemania fue un auténtico vendaval. Amparado en hombres del Bayern Munich y del Borussia Moenchengladbach, el conjunto de Helmutt Schön pasó por Wembley como un ciclón, con un fútbol tremendamente rápido, de permuta de posiciones, con una potencia física bárbara y con una despensa de talento absolutamente avasalladora. Por aquel entonces, Beckenbauer era ya un jugador de élite mundial totalmente consolidado. Había creado una posición para sí mismo, y dominaba partidos (a nivel nacional, europeo o mundial, de clubes o de selecciones), desde su interpretación del rol de hombre libre. Pero, y esto será capital durante el desarrollo dela Copa del Mundo, “el hombre” durante ese año 72 no era el Kaiser.

Günter Netzer en su época en el conjunto del Borussia Moenchengladbach

Ese hombre era un centrocampista total, de melena rubia, potente zancada y visión periférica que había llevado al Borussia Moenchengladbach desde las catacumbas hasta la cúspide del campeonato germano y que, tras años a la sombra de Wolfgang Overath, aprovechó el retiro internacional momentáneo del líder del Colonia para liberar su enorme torrente de fútbol también con el equipo nacional. Así pues, esta Alemania era el equipo de Günter Netzer.

A lomos del excepcional número 10, la RFA dominó su grupo clasificatorio y se paseó en la fase final disputada en Bélgica. Todo ello culminado con el aplastamiento de la poderosa defensa soviética en la final de Bruselas. 3-0, y el Kaiser levantandola Copa Henri Delaunay en el palco de Heysel. Pero, como ya dijimos, la gloria pertenecía a Netzer.

Y Netzer cometió un error: fichó por el Real Madrid, vino a España, y se sometió a los entrenamientos, a todas luces más ligeros, de la Liga Española.Ello, su bajón físico y la vuelta de Overath para disputar el Mundial en casa, acabaron con la Alemania más brillante que se haya visto en terreno de juego.

Con estos antecedentes, cuando el Mundial comenzó, el equipo de Alemania Federal seguía buscando recuperar la “magia” que habían esparcido por los terrenos belgas. Y cuando decimos Alemania Federal queremos decir Bayern Munich más Borussia MG (con algún añadido), porque el núcleo duro de la selección eran ellos.

Schön trató en la primera fase de acomodar a las figuras de ambos conjuntos en el mismo once. Así, ante Chile y Australia en los dos primeros partidos, saldados con poco convincentes victorias, tenemos a Maier, Beckenbauer, Schwartzenbeck, Breitner, Hoeness y Müller por parte del Bayern y a Vogts y Heynckes por parte del Moenchengladbach. La presencia de Overath, un centrocampista muy completo y uno de los hombres de confianza de Schön, junto a los motivos antes citados, dejaba a Netzer en el banco. Grabowski, otro hombre de Schön, con enorme experiencia y Cullman, un mediocentro muy académico (físico, de pase corto, y poco tendente a tomar riesgos), componían el equipo.

Equipo espeso, lento, y al que sólo chispazos individuales salvaban de resultados comprometidos. A todas luces, ese 4-4-2 que planteaba el entrenador alemán estaba muy lejos del 4-3-3 tremendamente fluído, que le permitía ocupar espacios, realizar transiciones rápidas y, sobre todo, presionar relativamente arriba, quela RFA había presentado en Bélgica 72.

Contra la RDA el asunto fue aún peor, ya que el partido terminó en derrota. Pero, desde un punto de vista estrictamente personal, creo que fue el encuentro que mostró el camino para que la RFA volviese a la senda que les hizo temibles. Schön envió a Berti Vogts a un marcaje individual sobre el brillante y joven delantero de la RDA MartinHoffmann (ver vídeo). La permanente movilidad de Vogts llevó al equipo a abandonar ese rígido y teórico 4-4-2, y es en este encuentro cuando vemos por primera vez en el torneo a una RFA realmente fluída. Dado que Vogts abandona su posición de lateral derecho, la defensa suele estar compuesta por 3 hombres, generalmente uno de los centrales más Cullman (que hace coberturas) más un tercer jugador que puede ser Breitner (en posición teórica de lateral izquierdo) o Hoeness (que cubre la zona del carril derecho).

En el centro del campo, Overath toma la manija, a veces acompañado por Beckenbauer, a veces con Schwartzenbeck ofreciéndose. Breitner comienza también a incrustarse en la base de la jugada, aunque no tan a menudo como hará en los últimos partidos del campeonato. Idem para Hoeness. Grabowski desarrolla su clásico juego pegado a la banda que tan beneficioso resultará en el futuro combinado con las diagonales hacia adentro del todavía suplente Holzenbein. Müller sigue siendo una boya en ataque.

El punto más interesante en este partido quizá sea la presencia de Heinz Flohe, el mediapunta del Colonia, un jugador de mucha técnica y llegada desde segunda línea, y de un tremendo físico. Este jugador es la alternativa que presenta Schön en este campeonato al disminuido Netzer. Y es él quien ocupa la teórica posición del 10. Los resultados no son brillantes, pero mejora muchísimo la asociación de la selección en tres cuartos de campo, y hace que las permutas sean más naturales, con Uli Hoeness haciendo un trabajo realmente impresionante. Tan pronto cubría la banda derecha dejada por Vogts, como aparecía en posición de extremo zurdo abriendo el campo, o tomaba el mando de las operaciones en la posición del 10 mientras Flohe se dejaba caer a la zona izquierda.

El del Colonia no volverá a ser titular, pero cuando Schön necesite cerrar el campo, o más capacidad de circulación de la pelota, ahí aparecerá Flohe desde el banquillo (partidos contra Yugoslavia y Suecia).

Quizá sea en este partido cuando Schön se dé cuenta de que, sin Netzer, y con Overath acomodado ya a la base de la jugada, el espacio teórico del 10 no debe ser ocupado. Debe ser un espacio de circulación, un lugar sobre el que giren jugadores y pelota. Si se me permite la expresión: una rotonda balompédica. Lo que veremos en esa zona, ahora desocupada, durante los siguientes partidos lo podemos definir como “free running”.

Plano gráfico sobre las virtudes en el carril del ’10’ encontradas (Haz ‘click’ para agrandar)

El veterano entrenador germano va a desarrollar este concepto en la segunda fase. Va a ampliar el espacio de circulación abriendo el campo con extremos puros como Grabowski, Holzenbein o Herzog (aunque el del Fortuna Dusseldorf dio un rendimiento paupérrimo en los partidos contra Suecia y Yugoslavia). Esta aparición de los extremos puros también marcó el cambio hacia el 4-3-3 (un tanto mentiroso), que tantas alegrías había dado. En la posición teórica de mediocentro aparecía ahora el jovencísimo Rainer Bonhof, un jugador mucho más dinámico que Cullman y con un trato de balón bastante superior al del jugador del Colonia. En la posición de interiores, Hoeness y Overath, uno con tendencia a ocupar ese espacio del 10 libre, y otro a ocupar la base de la jugada.

La defensa, conformada por los 4 habituales (Vogts-Beckenbauer-Schwartzenbeck-Breitner), veía como algo habitual ver a uno de los dos centrales compartir la base de la jugada con Overath (obviamente mucho más habitual el Kaiser), y a Breitner proyectarse hacia esa misma zona y a la posición del 10, algo inaudito.

Once proyectado en esa segunda fase (Haz 'click' para agrandar)

Once proyectado en esa segunda fase (Haz ‘click’ para agrandar)

Con esta manera de jugar, y a pesar de que el vestuario está cada vez más resquebrajado (problemas internos por el tema de las primas, Breitner que está a punto de abandonar la concentración, etc), Alemania se maneja para ganar los tres partidos de la segunda fase, superando incluso a uno de los más brillantes conjuntos del torneo, como es Polonia, en un partido que nos deja otro guiño táctico que refleja cuán avanzado es este Mundial. En un campo anegado, y ante una Polonia muy agresiva, la RFA pone en práctica durante la segunda mitad una especie de “salida lavolpiana”, muy rudimentaria, pero que le permite sacar la pelota más o menos con claridad ante las dificultades a las que se ve sometida.

El camino a la final, pues, no fue de rosas, sino de lucha, problemas y soluciones, llegando al 11 que disputó el último partido, a esos 11 hombres que, repasaremos a continuación y que dieron la segunda Copa del Mundo a su país.

Artículo creado por @Sergio_Vilarino

Holanda 1974 (II): El apogeo del ‘totaalvoetbal’

18 junio, 2011 3 comentarios

Por @Gons_

Asumir esta condición del juego denominada como ‘totaalvoetbal’ por la ‘oranje’ en ese año de 1974, amor hacia la arquitectura global de un colectivo dónde no existen las referencias fijas sino que los conceptos de zona, flexibilidad o permutas coexisten con activos futbolísticos de alto orden mundial en lo táctico, técnico y físico. “El general” para imponer la rigidez de vestuario sobre un conjunto de individualidades que asumían la fluidez como método y formaban parte del legado más notable sobre la historia de este deporte por parte de Rinus Michels, quién difundió aquello de ‘Fútbol Total’.

“Siempre he dicho que lo más importante son los jugadores. En el 74 me rodee de buenos jugadores, de los que yo ya conocía a la mayoría por haber trabajado juntos en el Ajax. Tenía un plan, un esquema, e intente buscar los jugadores que se adaptaran mejor. Trabajé con ellos durante tres meses, traté de motivarlos e inculcarles la forma básica del funcionamiento de equipo, basada en el concepto de ocupar toda la cancha, ganándole la pelota al rival lo más cerca de su arco, y producir luego el ataque con los hombres necesarios sin distinción del número de camiseta, y lógicamente, haciendo los relevos correspondientes. Lo bueno fue que los jugadores lo entendieron, se convencieron, y se dieron los resultados. Ustedes, los periodistas, después lo definieron como “futbol total”.

Rinus Michels

El particular método sobre lo “desconocido” para el gran público y elegir el escenario alemán para dar eco a tan sofisticada flexibilidad táctica. La ‘oranje’ de Ajax y Feyernood de los año 70 se aunaban con un mismo símbolo, aquello de que no hay nada fijo y liderados por el genio y su mentor. Así se escriben unas páginas llenas de recuerdos románticos sobre uno de los mejores conjuntos de la historia que transgredió hacia los términos futbolísticos actuales, pero con la creencia de poder desencriptar el complejo código de aquel ‘totaalvoetbal’.

Rinus Michels

La flexibilidad táctica buscada

“Para la mayoría de los analistas, no quedan dudas de que la última revolución táctico-futbolística sucedió en los años 70 con el fútbol total holandés. Más allá del posicionamiento de los jugadores en el campo, la revolución apostaba por la dinámica de la táctica. En el césped, con el marcaje en zona, ninguno de los jugadores tenía posición fija. El secreto estaba en la circulación de la pelota, con constantes cambios de flanco, el célebre carrusel mágico, y en el aprovechamiento de los espacios vacíos.”

Lobo, L. F.

Sistemas diferentes, a mesma filosofía.

Cita “Defensa en zona en el fútbol de Nuno Amieiro”

Una definición más hacia la proclama general que redunda en este colectivo de Rinus Michels, fundamentar el fútbol sobre una “dinámica de la táctica”. Muchos son los que conciben a modelos de conjuntos con el mismo ideario basado en el juego de posición y asimilar el concepto zona con un teórico 4-3-3 de origen holandés. Nada más lejos de la realidad, sería negar esa característica de flexibilidad y llevar la teoría de lo reflejado en un campo de fútbol a una cuestión numérica que no convence a este método transgresor que representa Holanda en 1974.

Holanda 1974

En una composición establecida sobre un modelo dónde no hay nada fijo, solo podemos establecer dos excepciones a la norma, desde la verticalidad de dos volantes como Resenbrink y Rep hasta la teórica pareja de centrales formada por Haan y Rijsbergen, aunque todo con una base de explicación desde una forma de sentir el juego como una visión zonal y la creación de ventajas continua.

La misma excepcionalidad de ese eje central en línea defensiva, no llega a contener el porqué de que un lateral derecho como Suurbier sea la referencia en salida del balón en base de la jugada y plantado sobre el perfil izquierdo en su proyección en transición/fase ofensiva conjunto al desplazamiento de la pelota hacia la creación de puntos de ventaja sobre el rival. Opciones para alterar el ritmo normal atribuido y base de esta complejidad mentada.

Una polivalencia en el ‘jugar’ que ofrece dudas sobre aquellos que denominan a la selección de Holanda como la ‘Naranja mecánica’ y es que viendo a esta ‘oranje’ desde un prisma metodológico, no existe ninguna acción mecánica sino obtener esa fluidez o flexibilidad de movimientos que permita someter al contrario. La simple presencia del genio de Johan Cruyff en distintos momentos del juego se aplica a la falsa teoría de esos mecanismos, su visión más particular y el prisma de quién se considera el ‘todo’.

En las permutas posicionales

Una pieza básica en el rendimiento ofensivo que hemos ido reflejando, se ofrece desde el término permutas en la posición de los distintos jugadores. Un caso más del ‘nada fijo’ promulgado y por el cual se ha concluido en la inexistencia de la cuantificación numérica para dar argumento a una filosofía del juego.

Johan Neeskens es uno de los jugadores más destacados en aquella excelsa generación neerlandesa de los años 70. De estrecha relación más allá del césped con Cruyff, siempre mantuvo el aval de sentir el mismo juego que el ‘14’, demostrado en el plano futbolístico en la sinergia que existía entre ambos. Esas expresiones son observadas en como ambos entendían el fenómeno de la transición ofensiva como única en el colectivo, cuya capacidad de batir líneas es ilimitada además de conocer el camino hacia la permuta en el posicional de delantero, descifrando el movimiento de Cruyff, teórico “9” en aquella selección ‘oranje’. Cinco goles en toda la competición siendo el máximo goleador del conjunto de Holanda y tercero en el global de la competición, atestiguan el importante papel de Johan Neeskens desde su irreal “mediapunta”.

Johan Neeskens

Otras de las armas contenidas por Rinus Michels era la de contar con dos jugadores de distintas características pero una exhibición más de ese sentir una visión del juego desde la ‘filosofía zonal’ que encumbró al colectivo protagonista. Dos perfiles diferentes contenidas en el Feyernood como mediocentro y ‘10’ respectivamente, Wim Jansen y Van Hanegem, obtenían un plano mediático y de valor en sus proyecciones desde el teórico interior en las cuatro fases del juego. Aprovechar la creación de ventajas en ambos perfiles banda con la movilidad existente, más dos hombres fijos como Rep y Rensenbrink, para facilitar la llegada y conducción desde medios incluido laterales.

Distintas formas de darle sentido a esa fluidez única, no de nueva concepción pero sí de declarada acción difusora que llega hasta nuestros días. Un término repetido, transgresor, para dar validez al dato de ser uno de los mejores conjuntos de fútbol de la historia. ‘De generaal’ marcó… pero para siempre… ¡La que lió Rinus Michels!

 

“No había en Holanda una selección propia de este nombre. No se había trabajado para lograrlo, ni se había fraguado el indispensable espíritu de equipo, ni menos trazado las acciones colectivas indispensables. Pero teníamos al hombre capaz de transformar a 22 jugadores en un gran equipo. Este era Rinus Michel, nuestro seleccionador. Reunía capacidad, inteligencia, mentalidad, conocimiento del fútbol moderno y una habilidad singular para construir un conjunto […]”

 Johan Cruyff